FGF21 ha dado mucho que hablar últimamente, y con razón: sus efectos son prometedores para las personas con obesidad.
Se trata de una hormona hepática, es decir, sintetizada por el hígado, conocida por:
- aumentar el gasto energético
- reducir la ingesta de alimentos
- mejorar la sensibilidad a la insulina
Su papel en la pérdida de peso intriga a los científicos desde hace varios años. Pero hasta ahora se desconocía dónde actuaba en el cerebro. Eso es lo que trató de dilucidar el equipo de Yunfan Lin, bajo la dirección del Prof. Matthew Potthoff, en la facultad de medicina de la Universidad de Oklahoma en Estados Unidos.
Analizamos juntos este estudio publicado en abril de 2026.
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¿Cómo se llevó a cabo el estudio?
Los investigadores realizaron un estudio experimental en ratones macho.
En una primera fase, los ratones fueron hechos obesos mediante una dieta muy rica en grasas. En una segunda fase, los científicos les inyectaron la hormona FGF21, ya conocida por favorecer la pérdida de peso.
Para comprender los circuitos utilizados por la hormona, se desactivaron algunas neuronas, mientras que otras se reactivaron de forma específica. La inyección de un virus trazador permitió, en paralelo, cartografiar las conexiones entre las neuronas.
Por último, se midieron varios parámetros: el peso, la temperatura corporal, el gasto energético y la actividad del tejido adiposo marrón, ese tipo de grasa capaz de producir calor, un fenómeno llamado termogénesis.
¿Qué dicen los resultados?
Los investigadores ya sabían que FGF21 aumentaba el gasto energético, pero los circuitos neuronales implicados seguían siendo poco conocidos. Este estudio permitió identificar uno, muy preciso, en el tronco encefálico.
Y ahí está toda la sorpresa. Durante mucho tiempo, se creyó que el hipotálamo, considerado el «director de orquesta» de la regulación metabólica, era la principal región implicada. En realidad, FGF21 actúa sobre todo a nivel del tronco encefálico.
Más concretamente, la hormona actúa primero sobre dos estructuras del tronco encefálico, el núcleo del tracto solitario (NTS) y el área postrema (AP), que luego transmiten la señal al núcleo parabranquial, implicado en la regulación del apetito y la saciedad. Este circuito es indispensable: cuando los investigadores lo inhiben, desaparece la pérdida de peso inducida por la hormona.
Lo que me llama la atención: este tronco encefálico es la misma región que la que apuntan los medicamentos GLP-1 como Ozempic y Wegovy. Pero FGF21 actúa allí mediante un mecanismo opuesto.
Donde los análogos de GLP-1 reducen el apetito y, por tanto, la ingesta de alimentos, FGF21 aumenta el gasto energético y ayuda al cuerpo a quemar más energía. Dos caminos distintos hacia el mismo objetivo, y eso es lo que hace que este descubrimiento me resulte tan interesante.
Un descubrimiento prometedor, pero aún insuficiente
Aunque los resultados son alentadores, quiero matizarlos.
En primer lugar, el estudio se llevó a cabo únicamente en ratones macho. En segundo lugar, estos ratones recibieron una dieta compuesta en un 60 % por grasas justo antes de la inyección de la hormona, lo que está muy alejado de la realidad humana: la obesidad es una enfermedad multifactorial que se instala progresivamente, con todo un cortejo de cambios metabólicos asociados.
También hay que recordar que los efectos observados en el ratón no son directamente extrapolables al ser humano. La prudencia sigue siendo necesaria.
Por último, los propios investigadores señalan que los efectos a largo plazo de FGF21 sobre el gasto energético siguen pendientes de confirmación.
¿Y los efectos secundarios?
Es un punto que quiero aclarar, porque a menudo se malinterpreta. A veces se lee que FGF21 estaría «sin efectos secundarios». Es falso: los análogos de FGF21 ya probados han mostrado efectos adversos, en particular trastornos digestivos y, en algunos casos, una pérdida de masa ósea.
Efectos que, además, considero parecidos a los de los tratamientos actuales con GLP-1 (náuseas, diarreas, vómitos).
La esperanza de los investigadores no es, por tanto, que la hormona carezca de efectos secundarios, sino que, al dirigirse al circuito que acaban de identificar, algún día se puedan diseñar tratamientos más específicos y mejor tolerados.
Para concluir
La obesidad es una enfermedad multifactorial, y su tratamiento dietético es complejo: lo constato cada semana en consulta. La cuestión de la velocidad de pérdida de peso, en particular, vuelve sin cesar. Muchos de mis pacientes se desaniman cuando los resultados tardan en llegar.
Sin embargo, sabemos que una pérdida de peso demasiado rápida es también la más difícil de mantener. Cuanto más progresivos e integrados en la vida cotidiana sean los cambios, más se mantendrán los nuevos hábitos a largo plazo.
Es precisamente ahí donde descubrimientos como este podrían, a la larga, abrir vías: como complemento de un reajuste alimentario, una mejor comprensión de estos mecanismos cerebrales podría ayudar a las personas afectadas. Pero solo estamos en la fase de investigación básica, en ratones. Así pues, habrá que seguir el asunto con interés y prudencia.
Referencia científica
Lin Y, Claflin KE, Aklan I, Morgan DA, Sullivan AI, Rudolph MC, Rahmouni K, Potthoff MJ. « La administración farmacológica de FGF21 revierte la obesidad a través de una población neuronal que proyecta al parabranquial en el cerebro posterior ». Cell Reports, 2026;45(4):117093. DOI : 10.1016/j.celrep.2026.117093


