Enfermedades inflamatorias crónicas del intestino: complementos alimenticios más eficaces
Etiología
Las MICI resultan de una combinación de factores genéticos, inmunológicos y ambientales: • Genéticos: Las investigaciones genéticas sobre las enfermedades inflamatorias crónicas del intestino (MICI) han identificado genes específicos asociados a un mayor riesgo de desarrollar estas enfermedades. NOD2, un gen implicado en el reconocimiento de bacterias, presenta variaciones que reducen la capacidad de eliminar microbios y alteran las interacciones entre la mucosa intestinal y el microbiota. ATG16L1, implicado en la autofagia, interviene en la gestión del estrés celular y en la regulación de las respuestas inflamatorias. Por último, IL23R codifica para el receptor de la interleucina 23 (IL-23), una molécula clave en la regulación inmunitaria. Variaciones genéticas de IL23R pueden provocar una hiperactivación de los linfocitos TH17, que liberan citocinas proinflamatorias y generan una inflamación crónica de la mucosa intestinal. • Inmunológicos: Desregulación del sistema inmunitario que se traduce en la producción de citocinas inflamatorias, el mal funcionamiento de las células reguladoras que controlan la inflamación y el debilitamiento de la barrera epitelial intestinal, permitiendo el paso de bacterias y antígenos a la mucosa. • Microbiota: Las MICI suelen asociarse a un desequilibrio del microbiota intestinal, o disbiosis. Este desequilibrio se manifiesta por una disminución de las bacterias beneficiosas como Faecalibacterium prausnitzii y un aumento de bacterias patógenas, en particular Escherichia coli. • Ambientales: El tabaco, la alimentación procesada y la contaminación son factores que agravan.Tratamientos farmacológicos
Los tratamientos de las enfermedades inflamatorias crónicas del intestino (MICI) incluyen diversas opciones adaptadas a la gravedad y a la localización de la inflamación. Los enfoques terapéuticos combinan tratamientos antiinflamatorios, inmunomoduladores y, en ocasiones, quirúrgicos. • 5-Aminosalicilatos (5-ASA): Medicamentos de primera línea para las formas leves a moderadas de la CU. Administrados por vía oral o rectal, permiten reducir la inflamación colónica y mantener la remisión. La mesalazina se utiliza con frecuencia. • Corticoides: Recomendados para las formas de moderadas a graves durante los brotes inflamatorios. Sin embargo, su uso está limitado a corto plazo debido a los efectos secundarios. • Inmunomoduladores: Azatioprina y 6-mercaptopurina se utilizan en tratamiento de mantenimiento para prevenir recaídas tras la remisión. Estos medicamentos actúan sobre la respuesta inmunitaria, pero requieren un seguimiento regular debido a sus efectos adversos. • Bioterapias: Los anti-TNFα (como el infliximab) son especialmente eficaces en las formas graves o refractarias de la CU. Otras opciones incluyen el vedolizumab, que se dirige a las moléculas responsables de la inflamación intestinal.Enfoques complementarios
Los enfoques complementarios, basados en la fitoterapia y la nutrición, ofrecen complementos para atenuar la inflamación y reforzar la salud intestinal. Algunas plantas han demostrado efectos antiinflamatorios y protectores sobre la mucosa intestinal. Entre ellas, el Aloe vera, rico en compuestos como la aloína, reduce los marcadores inflamatorios y favorece la regeneración de los tejidos dañados. La curcumina, extraída de la cúrcuma, inhibe las vías inflamatorias como NF-κB y disminuye las citocinas proinflamatorias como IL-1β y TNF-α. Además, extractos de Boswellia serrata, gracias al ácido boswélico, reducen la actividad de la ciclooxigenasa-2 (COX-2) y del factor de transcripción NF-κB, contribuyendo a aliviar los síntomas de las MICI. Por último, el jengibre, por su componente activo shogaol, ha mostrado beneficios al reducir el daño tisular y los marcadores inflamatorios. Una dieta adecuada sigue siendo imprescindible para limitar los brotes inflamatorios. Las recomendaciones incluyen la reducción de las fibras insolubles durante las fases agudas y la introducción de probióticos como el Lactobacillus acidophilus y el Bifidobacterium bifidum para reequilibrar el microbiota intestinal. Los antioxidantes alimentarios como los polifenoles, presentes en el té verde y en algunas frutas, también ofrecen protección contra el daño oxidativo. Por último, la adopción de una dieta baja en lactosa y sin gluten puede ser beneficiosa para algunos pacientes. La suplementación con magnesio, zinc y cobre contribuye a la regeneración celular y a la modulación de las respuestas inmunitarias. El bisglicinato de magnesio, en particular, mejora las funciones neurológicas y reduce la fatiga relacionada con las MICI. Además, la vitamina D y el calcio son esenciales para prevenir la fragilidad ósea frecuentemente asociada a estas enfermedades.# EII
Colitis ulcerosa: epidemiología y diagnóstico
Enfermedades inflamatorias intestinales crónicas (EII)
Enfermedades inflamatorias crónicas del intestino : les compléments classés par niveau de preuve
Pruebas insuficientes
2 estudios
1 estudio  
2 estudios
10 estudios
2 estudios
1 estudio  Mirra  

2 estudios

